Barcos construidos en ciprés o en pino de Alepo siguen despacio hacia el Sur una costa desconocida para ellos. Estamos seis siglos antes de Cristo. Llegan del Golfo de Esmirna y buscan practicar el trueque con los pueblos costeros. Proponían objetos manufacturados en su ciudad de Focea a cambio de metales más o menos preciosos u otras materias. Lejos de su Grecia natal, han hecho escala en Masalia (Marsella), que fundaron hace pocas decenias.

Las jornadas anteriores les ha sorprendido un fuerte viento de Noroeste que se mantiene y no parece cansarse jamás. Pero los acantilados escarpados se suceden unas a otros y las pocas playas de esta costa que todavía no se llama Brava solo ofrecen un pobre abrigo.

Sin embargo han seguido esta costa desgarrada y  se abre ahora ante ellos una inmensa bahía. Tres siglos más tarde se instalarían aquí unos marselleses que fundarían Rodes, más tarde Roses

La orilla pantanosa aconseja seguir hacia el sur, siempre un poco más allá. Cuando ya se cierra la bahía y se divisan nuevos acantilados surge un islote en la desembocadura de un río (el Fluvia).

Con el tiempo este islote se unirá a la costa con una lengua de arena pero ese día del desembarco Foceano en la playa del lugar que más tarde sería Ampurias, les reciben seguramente los indígenas Indigetas, pueblo íbero dueño del lugar, que se volverá rápidamente su socio comercial, y más tarde su conciudadano. Estamos en el año 575 antes de Cristo

¿Quién sabe? Quizás existió anteriormente un asentamiento fenicio…El hecho es que la pequeña isla desde entonces conocida como Palaiapolis se transforma rápidamente en una ciudad próspera, un enclave comercial dinámico, estrategícamente situado en el cruce entre el Oriente mediterraneo y el mundo ibérico, hasta la lejana y  misteriosa Tartessos.

Se construye un puerto, una bahía protegida de la que nos queda el “moll grec”, imponente vestigio del rompeolas protector que nos permite imaginar su amplitud hace más de 2000 años.

Hacia el 445 antes de Cristo la presión persa sobre Focea provoca un éxodo y la población del lugar se multiplica, extendiéndose rápidamente hacia Neapolis, del otro lado del puerto. La llegada de colonos romanos amplía todavía más la ciudad en los siglos siguientes, que ya es un gran centro comercial y administrativo.

En el 218 después de Cristo el general romano Cneo Escipio acampa bajo los muros de Ampurias durante su guerra contra los cartagineses. Este asentamiento se vuelve permanente y dará nacimiento a la ciudad rectangular que no podemos dejar de visitar como área arqueológica.

Pero el tiempo pasa inexorable y poco a poco los tres “barrios” (Griego, romano e Indigeta) pierden su importancia y finalmente la ciudad cae en el olvido después de su destrucción por los Árabes en el 935.

La época medieval esta marcada por la construcción de San Martín d´Empuries en el sitio de Palaiapolis. El puerto ha desparecido progresivamente.

El pequeño pueblo medieval depende hoy en día de L´Escala, pero no debemos olvidar al recorrer sus callejuelas que estamos en una ciudad condal.

El Moll Grec

Llegar à L´Escala por mar es seguramente el mejor medio. Como buen marino Usted intentará imaginar el formidable puerto que daba servicio a la ciudad, a la región y a toda la Península Ibérica.

Lo hemos dicho, solo nos queda de él el “moll grec” en una de las playas, un dique imponente al que quzás se amarraban los barcos y que en todo caso aseguraba un buen resguardo para el fondeo.

¿Qué barcos llevaban los mercaderes griegos?

Nos quedan muy pocas evidencias de la flota comercial griega antigua, a la diferencia de la flota de guerra.

Los barcos estaban construidos generalmente en madera de ciprés o de pino, preferidas por su imputrescibilidad. Las esloras variaban de unos pocos metros para embarcaciones de cabotaje de poco porte con fondo plano para llegar hasta la arena de la playa hasta los cargueros de más de 20 y treinta metros, muy panzudo y con mucho franco bordo, estables en alta mar.

La vela cuadrada de lino de estas embarcaciones no permitía subir al viento y se utilizaban con vientos portantes, ayudadas e incluso sustituidas en otros rumbos por remos que se distribuían en una o dos alturas de bancos. Los trirremes famosos eran barcos de guerra y un comerciante generalmente prefería sustituir los remeros (libres o esclavos) por mercancías, aún al riesgo de moverse más despacio.

En el puente de popa a menudo se levantaba la cabina del armador o del capitán.

Una piedra piramidal agujereada en su parte superior para el paso de un cabo hacia oficio de ancla hasta que la falta de agarre hizo necesario el invento del ancla parecida a lo que conocemos.

La vida de los marineros siempre ha sido muy dura y poco sabemos de las tripulaciones de las naves comerciales. Las embarcaciones pequeñas debían de llevar de cuatro a ocho tripulantes, y las de mayor porte debían de llegar a los más de 100 remeros y marineros, quizás algunos escoltas. Una vida dura de puerto en puerto, con el miedo a los piratas, al mar bravo, al perderse quizás y no saber volver…

Anclas griegas primitivas

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Lo hemos dicho, nuestro lector es navegante. o simplemente ama al Mar, y por ello sabemos que no dejará de sentir la inmensa emoción que desprende el viejo “moll grec”, este trozo romántico de rompe-olas que cerraba parcialmente y protegía el puerto de Ampurias.

Desde este sitio, bajo los pies desnudos de los bañistas y de los turistas, tripulaciones enteras de marinos ampurianenses (ni griegos ya, ni indigetas, ni romanos, simplemente ampurianenses)  zarpaban hacia el otro lado del Mediterraneo, hacia África e incluso hacia lo desconocido, más allá de las Columnas de Hércules. Zarpaban quizás con menos medios técnicos, más lentamente que nosotros, pero con este mismo fondo de incertidumbre que sentimos siempre, lo querramos o no, al tirar los amarres al pantalán, a pesar de nuestras radiobalizas, VHF, Servicios de Salvamento, etc.

El magnifico puerto de l´Escala ha heredado el honor y la responsabilidad de dar cobijo a los barcos de paso por estas aguas, con sus instalaciones magníficas, entre las mejores de la Costa Brava, manteniendo la tradición marinera del lugar.

Así que si Usted va a recalar aquí, tengan un pensamiento, mientras amarra su barco, para estos marinos foceanos que echaban el ancla en esta bahía hace unos 2500 años, aquí muy cerca, tan maravillados ante el paisaje magnífico de la Costa Brava como lo está Usted en este instante…

Quizás a través del Tiempo algo nos une a ellos…

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