Adoro mi barco, está en el centro de mi vida y de mis preocupaciones. Mi velero es lo que más atención merece para mí (bueno, también están mi mujer y mis hijos, tampoco nos pasemos…).

Pero después de 10 años de leales servicios  empezamos a encontrarnos en la misma situación, mi velero y yo: tenemos la experiencia de la madurez, acostumbrado él a mi manejo y yo a sus extrañezas, hechos el uno al otro, pero cada uno por su lado empezamos a sufrir los daños colaterales de muchas millas y de años de vida…No nos hacemos viejos, no, o por lo menos no todavía, pero necesitamos cuidar el uno al otro.

Y concretamente en este caso es el timón (el del barco, claro) que necesita algo de cuidado. Le cuesta moverse, la rueda gira con mucho esfuerzo, y va a peor. Estamos a final del verano, apenas tengo tiempo de arreglar el asunto antes de volver a Madrid.

Primer paso: Inmersión en el cofre de popa.

120 kilos de músculos, pelos (cada vez menos) y algo de grasita, (todo hay que decirlo) metidos allí abajo en un agujero de rata, a oscuras entre cables y motor, piezas diversas, baterías, calentador de agua…que sé yo. Cualquier día me quedo encajonado allí abajo y me encontrarán la siguiente primavera, por el olor a descomposición.

De hecho el caso no es meterse sino salir. Por suerte sudo tanto que sirve de lubricante y me extraigo con ruido de botella descorchada.

Todo parece estar en su sitio, sector limpio, los cables bien, así que se confirman mis peores sospechas: la mecha del timón, y con toda seguridad el rodamiento autoalineante. Ya lo cambé en una ocasión y me temo lo peor. Voy haciendo cuentas mentales, la bromita me va  a salir por un pastón, seguro…

 

Segundo paso:

saco una cerveza y me siento a respirar un poco y de paso secarme al sol de la mañana. A pesar de todo aquí se está de muerte, sentado en la bañera de mi velero, viendo como acaba el verano y la luz día tras día pasa del blanco veraniego al azul otoñal del Mediterraneo en septiembre. La costa poco a poco empieza a respirar, se tranquiliza…No cedo a las ganas de siesta, es hora de actuar:

Tercer paso:

Telefonazo a Vicente. Profesional de los barcos y regatista de crucero de primer nivel, los años nos han hecho amigos, y trata mi barco como si fuese suyo. En pocas palabras entiende de que va: “Hay que sacar el barco y desmontar…

-Tengo que volver a Madrid. ¿Puedes ocuparte tú de todo?

-Claro….”

Solo le falta añadir: como siempre…Me quedo tranquilo.

el culpable

Estoy en la autopista cuando recibo la llamada de Vicente:

“Efectivamente es el rodamiento auto alineante, esta lleno de salitre…

La pieza en cuestión es la cosa más tonta del mundo. Haceros a la idea de un cinta de acero recubierta en su interior de pequeños rodillos de no sé si de plástico,  PVC,  ABS o kriptonita, con una mala leche tremenda y que se pasan el tiempo intentando griparse, salir de su habitáculo, estropear la navegación en una palabra.

Pregunto con vocecita tímida:

“¿Hay que cambiarlo?

-A ver si puedo arreglarlo sin romper nada…”

De repente respiro un poco mejor, si Vicente dice: “ a ver si…” es que tiene claro que lo va a arreglar si tener que cambiarlo. Lo que pasa es que tiene que curarse en salud y hasta puede que disfrute un poco manteniendo el suspense hasta el final, ¿quién sabe?

-Vicente, hazme un favor, mándame fotos de todo el proceso.

-Está hecho.”

Y aquí tenéis el resultado (¿Hace falta decir que desde entonces la ueda va sóla…?):

DESMONTAJE DEL TIMON

desmontaje-timon

Una  hora de trabajo cuidadoso entre tres personas. No se trata de soltar el timon y dejarlo caer. Hay que ir desmontando cuidadosamente y acompañar la pala en su caída.

RODAMIENTO AUTOALINEANTE LLENO DE DEPOSITOS SALINOS

hueco-mecha-timon

Aunque no se aprecian muy bien los rodillitos que permiten el movimiento de la mecha, se ce claramente que todo el sistema está sucio y recubierto de salitre. A rascar y limpiar, no hay otra…

RODILLOS LIMPIOS

rodamiento-autoalineante

Las diminutas piezas están ya limpias y cubiertas de grasa marina para protegerlas. Escogemos esta solución a pesar de que el fabricante mantiene que no hace falta lubricar, ya que tenemos experiencia de haber tenido que cambiar el rodamiento en su totalidad por no hacer caso a la lógica: un barco que no sale mucho en invierno necesita tener protegidas todas las piezas cerca del agua.

MECHA LIMPIA

mecha-timon

Listo para el montaje, que es la parte más delicada del trabajo. Se desliza la mecha por su hueco mientras uno (el que abulta menos…) guía la operación desde el cofre de popa. Una hora de trabajo entre tres.

...Y AQUÍ ESTAMOS: PROBANDO EL RODAMIENTO AUTOALINEANTE AL DIA SIGUIENTE ;-)...